Economía

Las reservas previas a la sal devuelven a los gigantes energéticos a Brasil a pesar de los persistentes riesgos

América Latina | Economía | Política

El 27 de octubre de 2017, se lanzaron nuevas rondas de subasta para los ocho bloques de presal en Brasil. A medida que el gobierno brasileño aprobó un nuevo marco regulatorio para el proceso de licitación para permitir más inversores, 14 compañías extranjeras y dos entidades brasileñas fueron calificadas para participar en la subasta.

Como resultado de la subasta, la Agencia Nacional de Petróleo, Biocombustibles y Gas Natural (ANP) adjudicó seis bloques costa afuera a Shell, la estatal brasileña Petroleo Brasileiro (Petrobras) y Statoil. Esto generó BRL 6.15 mil millones (aproximadamente USD 1.9 mil millones) en bonos de firma y BRL 760 millones (aproximadamente USD 234.8 millones) en inversiones. La ANP también anunció que se planean dos rondas de subasta más para campos de capas de presal en 2018 y en 2019. ExxonMobil (EE. UU.) Tomó ocho bloques de reservas de presal en la reciente subasta en abril de 2018, mientras que Petrobras tomó seis bloques.

Además, los nuevos cambios regulatorios y económicos en el sector brasileño de petróleo y gas han traído más transparencia sobre las futuras inversiones en las reservas pre-sal, incentivando a inversionistas extranjeros como ExxonMobil (EE. UU.) Y Statoil (Noruega) a invertir nuevamente en proyectos energéticos brasileños . El marco regulatorio mejorado puso fin a la participación obligatoria de Petrobras como “el único operador en el pre-sal”, creando nuevas oportunidades para otros inversores.

Un futuro brillante, pero abundan los riesgos

El futuro del sector brasileño de petróleo y gas, y luego de la economía brasileña, es positivo. En 2017, el sector del petróleo y el gas natural representó el 11 por ciento del PIB de Brasil, y sigue creciendo. Con una economía recuperada, el gobierno brasileño afirmó que Brasil se había convertido en el mayor productor de petróleo de América Latina, y que las reservas del presal han sido consideradas como “una de las reservas de petróleo más prometedoras del mundo”. El gobierno brasileño espera así la subasta para generar inversiones de alrededor de USD 36 mil millones para los próximos 10 años, y crearía alrededor de 500,000 empleos directos e indirectos. Este desarrollo en el sector de petróleo y gas proporciona una perspectiva optimista para la economía de muchos estados brasileños que dependen de la producción de petróleo, ya que “la exploración de las áreas [del presal] debería generar BRL 400 mil millones en regalías e impuestos en los próximos 30 años . “Este desarrollo podría invitar a un mayor desarrollo económico y social en los estados brasileños que han sufrido la reciente economía calamitosa.

Como la corrupción, el fraude y el soborno siguen siendo problemas persistentes en Brasil, los inversores buscarán en la administración del presidente brasileño Michel Temer reforzar las nuevas leyes reguladoras y económicas para mitigar estos riesgos en la industria del petróleo y el gas y en Brasil en general. De hecho, Reuters indicó el 17 de abril de 2018 que el presidente Temer lanzó una serie de cambios de política para “tentar a los inversionistas a regresar a la economía latinoamericana número uno”. El presidente intentó cortar las restricciones a la producción de petróleo y gas eliminando los derechos exclusivos de Petrobras en el funcionamiento de yacimientos de petróleo del presal.

Sin embargo, a pesar de los desarrollos positivos en el sector del petróleo y el gas, existen riesgos políticos persistentes que los inversores deben desconfiar. Estos riesgos incluyen inseguridad judicial, corrupción de alto nivel, daño a la reputación, expropiación y nacionalización con la participación de Petrobras e incertidumbre contractual. Por ejemplo, un artículo del Financial Times del 27 de octubre de 2017 informó que un juez federal emitió un requerimiento judicial para bloquear la subasta de octubre de 2017, un movimiento político buscado por el izquierdista Partido de los Trabajadores. Si bien la subasta se suspendió brevemente, la orden judicial fue anulada. Sin embargo, esta obra reciente proporciona una historia de advertencia para los inversores, ya que la inseguridad judicial y política puede socavar el progreso de las subastas y las inversiones de las reservas del pre-sal. Junto con estos problemas, las próximas elecciones presidenciales podrían revertir las políticas de Temer y el nuevo marco regulatorio.

Para recuperar el crecimiento debe aumentar la inversión

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Para aumentar la oferta frente a la presión que impone el estímulo a la demanda

Durante de los últimos años la política gubernamental se ha orientado a fortalecer la demanda como sustento del crecimiento. La inversión, especialmente en los últimos años, ha quedado relegada a un segundo plano.

A partir de 2005, al agotarse parcialmente el exceso de capacidad de producción legado de la crisis de 1998-2001, la dinámica inversora se intensificó y la participación de la Inversión Bruta Interna Fija (IBIF) en el PIB alcanzó 20% en el período 2006- 2008.

Desde entonces, primero por factores externos y luego por motivos internos, la incidencia de la inversión en el PIB se estabilizó en torno de 17%, un nivel que resulta insuficiente para sustentar un proceso de crecimiento continuo a tasas elevadas.

Tanto la construcción como el equipo durable de producción –que son los dos componentes de la inversión– mostraron contracciones importantes. Una gran parte de ese fenómeno se vincula, indudablemente, con la disminución de la Inversión Extranjera Directa (IED), especialmente en 2013 y 2014. Al respecto, el total de IED se redujo desde US$ 15.300 millones en 2012 a US$ 11.300 millones en 2013 y a sólo US$ 6.200 millones en 2014.

El panorama reciente de la IED empeora sensiblemente cuando se estudia su composición. En este sentido, las nuevas inversiones pasaron de US$ 5.200 millones en 2012 a un promedio de US$ 3.200 en el último bienio.

En este contexto, es posible que el 2015 cierre con una tasa de inversión levemente por encima de 17% del PIB, lo que implicaría una caída de tres puntos porcentuales respecto del máximo alcanzado en 2006-2008.

Esa significativa retracción en la tasa de inversión constituye una restricción nítida al futuro ritmo de expansión de la economía argentina. El menor ritmo de crecimiento de los últimos años o incluso algún grado de contracción, han generado un aumento de la capacidad productiva ociosa en algunos sectores, pero en otros la ocupación es virtualmente plena.

A medida que transcurre el tiempo, la “brecha de la inversión” se ensancha. Si el próximo Gobierno se pusiera como objetivo para el corto plazo que la tasa de inversión retornara al nivel de 2006-2008 (20% del PIB) se necesitarían nuevos proyectos de inversión por US$ 16.000 millones, monto que cuadruplicaría el flujo de aportes en concepto de Inversión Extranjera Directa registrado durante 2014.

Incluso, aproximadamente US$ 10.000 millones de ese aumento de US$ 16.000 millones en la inversión deberían destinarse a incrementar y renovar el equipo durable de producción, componente sobre el que cayó la mayor parte del ajuste en la tasa de inversión durante los últimos años.

Más aún, en el mediano y largo plazos, el desafío de la Argentina no debería limitarse a recuperar la tasa de inversión alcanzada en 2006-2008, sino por lo menos alcanzar un nivel del 25% del PIB, distantes de las famosas “tasas chinas” de comienzos de esta década del orden del 40% del PIB, pero posibles con un cambio profundo de la orientación de la política económica.

El estímulo a la demanda combinado con contracción de la inversión, es decir, de la oferta nacional, termina generando presión importadora e inflación o ambos fenómenos al mismo tiempo. Resolver ese dilema tiene dos caminos, o el ingrato “ajuste” por el lado de la demanda o el aumento de la oferta como resultado de una mayor inversión.

Jorge Todesca